Una de las metas de la mayoría de los arquitectos es montar nuestro propio despacho, ejercer por nuestra cuenta, desarrollarnos sin la tutela de una gran empresa ¿Por qué pocos lo logran?
Hay muchos factores pero quizá el principal es la proverbial tendencia de las personas en este momento histórico a no gastar, a ahorrar en todo lo posible, especialmente si esto no se refleja de manera inmediata en la percepción que otros tienen de nosotros, es decir, no se puede presumir.
Como arquitectos, hemos dejado que se popularice la idea de que sólo los ricos nos pueden y deben contratar y si partimos de que solo aproximadamente el 5% de la población es considerada "rica", las posibilidades de obtener trabajo de esta manera se vuelven casi tan inalcanzables como sacarse la lotería. Por otro lado, la creencia popular de que el arquitecto es caro y sobre todo, prescindible, nos dificulta el asunto aún mas.

Primero, el asunto de que somos caros es un mito ya que generalmente fijamos nuestros honorarios de acuerdo a un porcentaje de la obra a realizar así que si se trata de una remodelación, adecuación, cambio de acabados o mantenimiento, los honorarios a cobrar son mínimos. Ahora, dirán que ese pequeño porcentaje se puede "ahorrar" si el albañil hace el trabajo bajo la dirección del dueño pero tampoco es así. Los profesionales de la construcción debemos permanecer actualizados en materiales, sistemas constructivos, accesorios, mobiliario, tenemos contacto con proveedores de todos ellos y generalmente obtenemos precios mas bajos. Casi siempre con esas condiciones, nuestros honorarios salen de los ahorros en materiales. También es frecuente que el albañil no maneje los suministros con el debido cuidado provocando desperdicios (se tira parte del cemento, hacen mas mezcla de la necesaria, piden mas tabiques de los requeridos, se les rompen piezas de azulejo, etc), la supervisión del arquitecto reduce estos al mínimo.

Otro tema importante es el hecho de que nuestra casa es nuestro espacio, es el lugar donde debemos sentirnos en confort, donde pasamos tiempo de calidad. El usuario difícilmente conoce temas de asoleamiento, ventilación natural, circulaciones, ergonomía, y el albañil tampoco, pero los arquitectos si. Cuando nos omiten corren el riesgo de tener apagadores inalcanzables, regaderas encima de sanitarios, escalones para gigantes, puertas que no abren del todo, habitaciones calientes como hornos, etc, y no son cosas inevitables, simplemente es que para dar con la solución se requieren conocimientos específicos que para un arquitecto son parte de su formación profesional.
Finalmente y no por ello menos importante está la normatividad, la cual, en la construcción tiene razón de ser. Los reglamentos nos dicen cual es el área mínima de una ventana para una recámara, el ancho de un pasillo, de una escalera, de una puerta, las alturas de una habitación, el tipo de material en pisos de acuerdo al uso, los diámetros de tuberías, calibre de cables, en fin, todas las especificaciones para construir o remodelar e insisto, tienen todo el sentido del mundo porque se basan en la seguridad.
Entonces, como vemos, el arquitecto, en su papel de diseñador, constructor y supervisor no es una figura prescindible y cara, no es un lujo, es un profesional necesario, el cual ha perdido su papel en esta sociedad gracias a la tan común premisa de "si puedo, me lo ahorro" que aplicamos en el 90% de las situaciones de nuestra vida, olvidando que al hacerlo estamos, como mínimo desperdiciando espacios y sacrificando confort y hasta arriesgando nuestra seguridad.
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