Los arquitectos somos una de esas profesiones consideradas por mucha gente como superfluas. Se ha difundido la idea de que contratar a un arquitecto es para ricos, al fin, cualquiera puede pegar ladrillos y el maestro albañil ha construido montones de casas ¿Por qué no habría de construirnos la nuestra?
Por supuesto que esta percepción ha sido alimentada por nosotros mismos, los profesionales del área.
A todos nos gusta proyectar "bonito", hacer casas, edificios, jardines, con las técnicas mas innovadoras y los materiales perfectos, nos encanta tener la luz natural correcta en cada habitación, sistemas de automatización, iluminación artificial de primer nivel y todas esas cosas que hacen que un diseño sea digno de revistas especializadas pero, seamos realistas, el 90% de la población no puede permitirse esos lujos, la mayor parte de la gente que construye su casa quiere un lugar donde vivir y punto, no van a usar mármoles, maderas tropicales de moda y sistemas de iluminación inteligente. En el caso de remodelaciones y adecuaciones es peor aún porque frecuentemente al ver una casa ya construida a la que se le quiere dar "una manita de gato" lo primero que nos viene a la mente es tirarla completa y volver a empezar.

Ahi cometemos el primer error: nuestro trabajo como diseñadores es darle al cliente lo que necesita, lo que le gusta y lo que puede pagar. Ese es el reto que debemos saber enfrentar, no diseñar en condiciones óptimas con presupuesto ilimitado, sino bajo las circunstancias que cada proyecto nos da.
¿Qué pasa con estas actitudes cuando queremos captar clientes? Simplemente logramos menos del 10% de los que podríamos tener y le damos la razón a quienes dicen que contratar a un arquitecto es caro e inútil.

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