martes, 16 de diciembre de 2014

Reivindicando la profesión de arquitecto

Los arquitectos somos una de esas profesiones consideradas por mucha gente como superfluas. Se ha difundido la idea de que contratar a un arquitecto es para ricos, al fin, cualquiera puede pegar ladrillos y el maestro albañil ha construido montones de casas ¿Por qué no habría de construirnos la nuestra?
Por supuesto que esta percepción ha sido alimentada por nosotros mismos, los profesionales del área. 

A todos nos gusta proyectar "bonito", hacer casas, edificios, jardines, con las técnicas mas innovadoras y los materiales perfectos, nos encanta tener la luz natural correcta en cada habitación, sistemas de automatización, iluminación artificial de primer nivel y todas esas cosas que hacen que un diseño sea digno de revistas especializadas pero, seamos realistas, el 90% de la población no puede permitirse esos lujos, la mayor parte de la gente que construye su casa quiere un lugar donde vivir y punto, no van a usar mármoles, maderas tropicales de moda y sistemas de iluminación inteligente. En el caso de remodelaciones y adecuaciones es peor aún porque frecuentemente al ver una casa ya construida a la que se le quiere dar "una manita de gato" lo primero que nos viene a la mente es tirarla completa y volver a empezar.


Por supuesto que todos los arquitectos queremos dejar nuestra huella en cada diseño, queremos hacer entender al cliente potencial que nuestras ideas son mucho mejores que las suyas (por algo nos fuimos a la universidad tantos años) y que debe hacer una inversión enorme para ser feliz en su casa, ya que al final tendrá la mas bonita y moderna de la colonia.
Ahi cometemos el primer error: nuestro trabajo como diseñadores es darle al cliente lo que necesita, lo que le gusta y lo que puede pagar. Ese es el reto que debemos saber enfrentar, no diseñar en condiciones óptimas con presupuesto ilimitado, sino bajo las circunstancias que cada proyecto nos da.
¿Qué pasa con estas actitudes cuando queremos captar clientes? Simplemente logramos menos del 10% de los que podríamos tener y le damos la razón a quienes dicen que contratar a un arquitecto es caro e inútil.
Si en vez de colocarnos en el papel de genios inaccesibles, nos preocupamos y ocupamos de satisfacer las necesidades del cliente, nos volvemos lo que siempre debemos ser: un profesional que provee un servicio necesario. Esto no quiere decir que debemos hacer exactamente lo que dice el cliente, sino que hemos de tener la capacidad de exponer nuestras ideas y argumentos de manera convincente y siempre con fundamento, tenemos que saber cuando ceder y cuando defender una postura, hay que dominar nuestra profesión para crear confianza en el cliente y la seguridad de que sabemos de lo que hablamos cuando exponemos nuestro proyecto dando las mejores opciones dentro de las posibilidades tanto económicas como espaciales, sin olvidar el gusto del cliente.

Si tienes alguna duda o comentario, puedes dejarlo aqui o al correo claudiaa.patinog@gmail.com